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por Roberto Carreras

Cómo hacemos tu web para que te encuentren en Google y en la IA

Web rápida, textos que responden a preguntas reales y datos etiquetados para que Google y ChatGPT los entiendan. En Cuenca casi nadie lo hace: por eso funciona.

Página web para un negocio de Cuenca hecha por Agencia Rascacielos

Hacemos páginas web que cargan rápido, que Google entiende a la primera y que las inteligencias artificiales como ChatGPT pueden leer y recomendar. Se hace con tres cosas: que la web sirva el texto ya escrito (y no lo monte el navegador), que cada página responda a una pregunta concreta, y que los datos de tu negocio estén puestos de forma que una máquina los pueda copiar sin equivocarse. En Cuenca casi nadie lo hace. Por eso funciona.

Te lo vamos a contar sin humo, porque probablemente ya te han vendido una web antes y sigues sin recibir llamadas.

Primero, el problema de verdad

La mayoría de las webs de negocio de Cuenca no están mal hechas. Están hechas para otra cosa.

Están hechas para que tú las veas bonitas cuando se las enseñas a tu cuñado. Y eso está bien, pero tu cuñado ya sabe que existes. El que no lo sabe es el que ahora mismo está buscando en el móvil lo que tú vendes, o el que le está preguntando a ChatGPT quién se lo puede hacer.

Una web que no sale cuando te buscan es un cartel precioso en un almacén cerrado.

Así que cuando nos sentamos contigo, la primera pregunta no es de qué color la quieres. Es: ¿qué escribe o qué pregunta la persona que debería acabar llamándote? De ahí sale todo lo demás.

Cómo la construimos, en cuatro pasos

1. Decidimos qué páginas necesitas (y cuáles no)

El error más común: meterlo todo en una sola página larga con secciones. Queda moderno y no sirve para nada.

Google y las IAs necesitan poder señalar una página concreta cuando alguien pregunta algo concreto. Si vendes tres servicios, necesitas tres páginas: una por servicio, cada una respondiendo a una pregunta distinta. Si trabajas en varios pueblos, puede que necesites una por zona.

Lo hacemos al revés de como se hace normalmente: primero escribimos la lista de preguntas reales que tu cliente hace, y después decidimos las páginas. Nunca al contrario.

2. Escribimos para que respondan, no para que suenen bien

Esto es lo que más cambia respecto a lo que te han hecho antes.

En la mayoría de las webs, el primer párrafo dice algo como “somos una empresa joven y dinámica comprometida con la excelencia”. Eso no lo lee nadie y no lo cita ninguna máquina.

Nosotros escribimos el primer párrafo de cada página como la respuesta directa a la pregunta de esa página. Corto, concreto, con el dato y con el sitio. Si la página es “reformas de baño en Cuenca”, el primer párrafo dice qué cuesta, cuánto tarda y dónde lo hacemos.

¿Por qué? Porque cuando ChatGPT o Google buscan una respuesta, cogen ese trozo. Un párrafo bien escrito ahí vale más que veinte páginas de “somos jóvenes y dinámicos”.

Y de paso, el que entra también lo entiende. Curiosamente, escribir para las máquinas nos ha obligado a escribir mejor para las personas.

3. Montamos la web para que se pueda leer sin esfuerzo

Aquí viene la única parte técnica, y te la contamos porque marca la diferencia entre que te encuentren o no.

Muchas webs modernas están hechas de forma que el texto no existe hasta que tu navegador lo monta. La página llega vacía y el móvil la construye en un segundo. Para ti es invisible. Pero cuando Google o una IA pasan a leerla, a veces encuentran una página en blanco. Literalmente.

Nosotros las construimos al revés: la página llega con todo el texto ya escrito dentro. Se llama pre-renderizado, y es la razón por la que las webs que hacemos aparecen y muchas otras, no.

Cómo comprobar si la tuya lo tiene: abre tu web, botón derecho, “ver código fuente”. Si ves tus textos ahí, bien. Si ves un montón de código y ni rastro de lo que dice tu web, tienes un problema y no lo sabías.

También va rápida, y no por capricho: si tarda más de tres segundos en el móvil, la mitad de la gente se va antes de verte. En Cuenca provincia, con cobertura irregular en muchos pueblos, esto pesa más que en una capital.

4. Le ponemos la etiqueta a los datos de tu negocio

Última pieza, y es la más aburrida y la más rentable.

Tu web dice que abres de 9 a 14 y de 17 a 20. Un humano lo entiende. Una máquina, no necesariamente: ve un texto y tiene que adivinar. Y cuando adivina, se equivoca.

Así que además del texto normal, metemos en la web una ficha invisible, escrita en el formato que las máquinas leen, que dice sin ambigüedad: este negocio se llama así, está aquí, abre a estas horas, hace estas cosas, cuesta esto, y este es su teléfono. Se llama Schema.org y es un estándar, no un invento nuestro.

El resultado: cuando alguien pregunta “¿está abierto ahora?”, la máquina lo sabe con certeza. Y la certeza es lo que hace que te recomiende a ti y no al de al lado.

Y lo de la IA, ¿qué es exactamente?

Te lo explicamos como se lo explicamos a todo el mundo aquí.

Antes tu cliente escribía “fontanero Cuenca” en Google y veía diez enlaces azules. Elegía uno. Tú tenías que estar entre esos diez.

Ahora, cada vez más, tu cliente le pregunta a ChatGPT: “necesito un fontanero en Cuenca para un problema con la caldera, ¿a quién llamo?”. Y ChatGPT no le da diez enlaces. Le da dos nombres. A veces uno.

Ese cambio es enorme, y es el motivo de que exista esta agencia. El trabajo de que te den como respuesta se llama GEO. Y la buena noticia, la que nadie te cuenta porque no da miedo y por tanto no vende: el 80% del trabajo es exactamente el mismo que el de salir en Google. Web rápida, textos que responden, ficha de Google en condiciones, datos consistentes en todas partes. No son dos facturas. Es hacerlo bien una vez.

¿Quieres comprobar dónde estás? Abre ChatGPT ahora mismo y pregúntale por los mejores de tu sector en Cuenca. Si sale tu competencia y tú no, ya sabes por qué te llamamos.

Lo que te llevas

Cuando terminamos, tienes:

  • Una web que carga en menos de dos segundos en el móvil.
  • Una página por cada cosa que vendes, cada una respondiendo a lo que la gente pregunta de verdad.
  • Los datos de tu negocio puestos para que Google, ChatGPT, Perplexity y las que vengan los entiendan sin equivocarse.
  • Tu ficha de Google enlazada y en condiciones.
  • Todo medido desde el primer día, para saber por dónde entran los que entran.

Y la web es tuya. Sin permanencia, sin rehenes, sin “es que eso solo te lo puedo tocar yo”.

Precio cerrado antes de empezar. Sabes lo que cuesta y lo que incluye antes de decir que sí.

Por qué en Cuenca esto es una oportunidad, no un gasto

Aquí va el argumento que más nos gusta.

En Madrid, para salir el primero compites con agencias que llevan quince años y presupuestos de seis cifras. En Cuenca, la mayoría de las fichas de Google tienen menos de 50 reseñas, muchas webs del sector no están ni preparadas para que las lea una máquina, y prácticamente nadie está trabajando el GEO.

Traducido: lo que en una capital cuesta una fortuna y años, aquí se consigue haciendo las cosas bien durante unos meses. Es la ventaja de salir en Maps antes que tu vecino. No va a durar siempre. Ahora mismo, sí.

Cuenca lleva ochocientos años construyendo alto con lo que había. Nosotros seguimos: no necesitas el presupuesto de Madrid, necesitas hacerlo bien antes que tu vecino.

Roberto Carreras, fundador de Agencia Rascacielos

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